Guillermo Toro

"Cada vez ingresa más gente de estratos socioeconómicos más bajos, lo que está bien, porque hay toda una función de promoción social"

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De izq. a der.: Guillermo Toro, Héctor Gómez,
[…] Alejandro Burgos y Carmen Pérez

Guillermo Toro Araneda nació el 20 de diciembre de 1962 en Santiago. Actualmente es el profesor a cargo de la parte teórica de las asignaturas de Recuperación y Análisis de Información, y el director de la carrera de Técnico en Bibliotecología y Centros de Información del Instituto Profesional Carlos Casanueva.

Estudió Bibliotecología entre los años 1981 y 1984, por lo cual vivió los cambios provocados por la Reforma Universitaria que concluyó con el desmantelamiento de la Universidad de Chile y la creación del IPS. A continuación, describe cómo fue estar presente en ese momento:

“Fue muy extraño lo que pasó, porque nosotros ingresamos a la Universidad de Chile: postulamos, nos llegó una credencial universitaria. Y de repente hubo un cambio institucional, nos dimos cuenta de que estábamos en otra parte: en la Casa Central, Dieciocho 161… y cambiaron el letrero de la puerta y decía Instituto Superior Profesional de Santiago. Después le sacaron la palabra superior.”

De sus años de estudiante, Guillermo recuerda un buen ambiente, pese a la situación política: reconoce que él y sus compañeros, al igual que gran parte de la sociedad, no eran conscientes de los hechos que ocurrían durante la dictadura militar, al menos hasta el año 1986, donde la situación empeora y la violencia se hace presente en las calles.

Su vida universitaria, por lo tanto, transcurrió en un ambiente relajado: se compartían los espacios con gente de otras carreras, y la oferta cultural se veía ampliada por la cercanía de instituciones como la Academia de Humanismo Cristiano y el Instituto Chileno Norteamericano. Participó, junto a sus compañeros, en talleres literarios y en la edición de una revista.

Realizó su práctica profesional en dos lugares: la Universidad Católica y el Colegio Tabancura, en el cual se quedaría por un año y medio tras finalizar la práctica. Luego trabaja en Systeco, una empresa de computación, hasta el año 1992. En 1993 ingresa como profesor ayudante a la UTEM, entonces aún IPS. Desde entonces se ha dedicado a la educación, paralelamente a su trabajo en el Metro de Santiago, en el cual lleva ya 11 años. Refiriéndose a esta situación, comenta:

“Mi trabajo como profesor media jornada me permite estar en conexión con el mercado al mismo tiempo que estoy en lo académico, eso yo creo que lo he logrado canalizar para que para los dos lados haya una utilidad, porque tengo una visión más teórica, y por otro lado tengo el cable a tierra que son mis trabajos, que me dan una perspectiva más real de para qué sirve lo que uno está enseñando y me conecta con ese mercado”

Ha participado en el Colegio de Bibliotecarios, y realizado dos viajes significativos al extranjero: en 1999 visita las bibliotecas y empresas de tecnología en Silicon Valley en Berkeley, San Francisco; y en el 2003 recibe una invitación para conocer el sistema de bibliotecas públicas de Alemania. En el año 2004, cursa un Master en Gestión de Información en la Universidad de Granada.

Sus referentes en el ámbito docente son los dos profesores de los cuales fue ayudante: Fernando Astorquiza, quien impartía asignaturas relacionadas con la cultura y las humanidades, entre ellas Historia del Libro, aportando una visión trascendental a las actividades, más allá de lo meramente técnico; y Texia Iglesias, anteriormente encargada de las cátedras que él imparte hoy en día, de quien destaca su rigurosidad y la entrega de conocimientos que le son de utilidad hasta el día de hoy.

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Prof. Fernando Astorquiza y alumnos

Respecto a la profesión, recalca la importancia tanto de los avances en tecnología como en proyectos de fomento lector y cultural, ya que ambos abren nuevos ámbitos de desarrollo para la profesión; y la necesidad de que las mallas curriculares estén en constante revisión a fin de estar acordes, y en lo posible adelantarse, a los requerimientos del mercado. Señala que es un momento de expectación, donde debido al aumento de las necesidades de organizar información, hay muchas oportunidades para que los bibliotecarios tomen líneas de acción y se posicionen en nuevas áreas.

Destaca también el cambio que ha presenciado en cuanto al perfil socioeconómico de los alumnos, el cual ha evolucionado desde los años sesenta o setenta, cuando la gran mayoría que ingresaba eran mujeres, de clase alta; al que existe actualmente, con una presencia mayoritaria de alumnos de clase media y baja. Evalúa este cambio como positivo, pues la carrera contribuye a la movilidad social:

“El rol de un profesor es bastante interesante, porque uno ve a un alumno que ingresa en condiciones bastante precarias a la carrera y egresa como todo un profesional, lo ve en los exámenes finales… es una persona que aparte de lo formal, que tenga o no tenga corbata o algo así, uno lo ve con un bagaje cultural, un background y una forma de expresarse que le van a dar un rédito social.”

Como recuerdo personal relevante, señala la 5ª Conferencia Internacional de Bibliotecología, realizada en la Usach en 1995: evento al cual se presentaron profesionales que habían estado exiliados, y que habían luchado por el regreso de la democracia. Fue una jornada especial, en la cual se expusieron formas distintas de pensar: “menos clásicas y más políticas” y se marca un quiebre con el paradigma tradicional de la bibliotecología presente en las décadas anteriores.

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